Ambientación de Erhidosia

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Ambientación de Erhidosia

Mensaje por Master el Miér Feb 15, 2012 1:26 am


Nacidos del Universo
CAPÍTULO I



Al borde de la nada, contemplando lo que había creado tanto tiempo atrás que no existe una medida mortal o divina de medir ese tiempo, Bor abrió sus ojos una vez más, y se levanto de su trono dejándolo vacío. Bajo los cuatro escalones de Aecthna sangrando sobre estos todo el camino y llenando con el sonido de sus pasos la nada, dándole un forma nueva y brindándole de una magia que el hombre jamás llegara a conocer. Al llegar al final su cuerpo se desarmo en infinitas partículas que salieron disparadas en todas direcciones formando los soles y las estrellas.

De la sangre de Bor nacieron los seres divinos Esenciales: Noba, Sek y Tertius.

Noba, la mayor, nacida de la sangre del primer escalón quiso dar vida a infinitas creaciones y convenció a sus hermanos, otorgando existencia a los dioses Sempiternos. De Tertius, el nacido de la sangre del tercer escalón, quien la fertilizó, primero dio vida a Soa, Empilo, y a los gemelos Erhidos y Araak.De la fecundación de Sek, el nacido de la sangre del segundo escalón, nacieron Temios y Uld.


Celoso de la fuerza con que había sido creados los hijos de sus hermanos, Sek asesino a Soa y Empilo, aplastándolos sobre el cuarto escalón. Noba tomó a los gemelos y les otorgó el poder sobre las estrellas, entre las cuales estos se escondían cada vez que Sek posaba sus ojos sobre ellos.


De inmediato la belleza de Uld, hija de Sek y Noba, cautivó a los dioses quienes la fecundaron, provocando la ira y los celos de su madre, quien abrió su vientre intentando asesinar a los hijos no nacidos de Uld. Sin éxito alguno, Uld logró dar a luz a las Sentencias, hijas de Tertius y ella: Tiempo, Muerte, Destino; quienes durmieron hasta la creación del hombre. Y junto a estas se alzaron las Elementales: Kysten, Kÿlma y Ekayla, hijas de Sek. Quienes agravaron los sentimientos que habían sido creados por Uld en todas las divinidades, provocando un éxtasis de odio, lujuria y celos.


En medio de ese festival de pasiones fértil fue el vientre y la mente de Noba y Uld los que dieron a luz a 12 dioses que tras nacer fueron condenados por Tertius, perdiendo así todos los regalos que habían recibido de sus padres, y siendo exiliados y encerrados en {Undelig, Eampehatn }, el bosque crecido de los cuerpos de Soa y Empilo, donde permanecieron como Colosos insuperables.

En un consejo de dioses, lleno de tensión, se determinó que era el momento de iniciar la creación de un mundo lo suficientemente grande para que los dioses pudieran habitar en éste y encontrarse sólo y únicamente cuando fuese necesario.


Sek decretó que Temios quien había intentado liberar a los Colosos soportaría el peso del mundo de dioses sobre sus hombros perpetuamente, como castigo eterno. Sobre él, Tertius modelo con su sangre y con ayuda de las deidades Elementales un mundo y Noba juntó un millar de estrellas en su mano y las sopló formando un camino entre el trono de Bor y Hilezkrra, el mundo de los dioses.


Por un momento…Hubo paz en el Universo.

Sin embargo, el deseo implacable de Noba de crear vida fue más fuerte que la única paz que habían conocido los dioses, y al no convencer a ninguno para que la fecundara, y sin la posibilidad de hacerlo ella misma, como sí podía su hija Uld, Noba llevó con engaños a su hermano Sek hasta su morada donde lo descuartizó, y arrojó su cabeza en el centro de Egeldeas, la fuente de la Inmortalidad, donde Ekayla descansaba, y su cuerpo lo enterró en lo profundo de Hilezkrra. De las olas provocadas por la explosión surgieron Las Sekdotre {Hija de Sek}: Guerra, Decadencia, Avaricia, y de su cuerpo Naturaleza.


Como ultimo engaño, Noba se disfrazó de Sek y tomó su miembro, colocándoselo antes de visitar a Uld y utilizándo su lengua de serpiente logró fecundarla de un único hijo. Cehthnen, el guardián del Inframundo. Las Sekdotre fueron quienes pintaron y decoraron el mundo de dioses con una belleza que ojos mortales se derretirían al ver. Con este acto se ganaron el favor de los demás dioses y pasaron a formar parte de su mundo.

Al descubrir los engaños, y el asesinato, Erhidos asumió el mando de los dioses y se enfrentó en contra de los Esenciales en la primera batalla divina, sacudiendo el universo y por poco destruyendo Hilezkrra que liberaría de su prisión a los Colosos. Tertius cayó bajo la mano de Erhidos quien portaba, una armadura divina única hecha de adamantio, que había sido forjada con ayuda de las Elementales, y empuñaba mil armas modificando el fuego que había descubierto. El universo se oscureció en ese momento. Noba por su parte, cayó en la trampa preparada porGuerra, y quedó encerrada en un sol muerto a los pies de Temios, sirviendo de resguardo para la prisión de Colosos.

Con el sabor de la victoria, Erhidos tomó su puesto como Dios de Dioses y a partir de ese momento se sentó en el trono de Bor, cuidando de la paz que reinaba el Universo.






El sacrificio
CAPÍTULO II



Son miles y miles de voces las que se escuchan en el desierto, escuchas al aire atacarte de todas direcciones, escuchas la arena atravesarte, escuchas al sol quemarte, y escuchas en la noche las voces del desierto, que cuentan la historia proveniente de sus propios recuerdos cuando la era de la vida comenzó, con tan solo el deseo de un Dios.

De entre las sombras y el vacío que torturaban a los elementos y los espíritus una mano divina hurgó toda la magia y vida que allí había, buscaba un regalo, algo para sus hermanas que festejara su amor por ellas. Podría haberse perdido, pero era una mano sabia la de Erhido, y su búsqueda estaba bien dirigida.

Cuando finalmente encontró lo que buscaba pudo sentir entre sus dedos la fuerza y la grandeza de lo que había encontrado, las sensaciones que le invadían, la pasión, la fuerza, el amor y el odio, la vida y la muerte. Había rescatado al fuego, y todas las cosas que de él descienden, era lo que daría comienzo y fin a la vida. Cosa tan maravillosa había encontrado que decidió crear todo un universo con ella. Haría planetas, estrellas, miles de galaxias y explosiones de luz y vida por todos lados. Era todo un maravilloso deseo, pero la fuerza del elemento no alcanzaría para crear todo eso, no a menos que tuviera divinidad. Sonrió y volvió a mirar el elemento que portaba, con el haría cosas maravillosas que ninguno de sus hermanos dioses había visto hasta ahora. Crearía vida, y no solo vida… crearía seres que fueran tan magníficos como él, que pudieran conocer a los dioses, y que pudieran alcanzar la divinidad los más justos, valientes y fuertes.

Ya todo estaba listo, Erhido llamó a sus hermanas, las Elementales para que vieran lo que estaba a punto de preparar para ellas y al despedirse de algunos muy envidiosos dioses, notó como sus ojos fulgurantes de deseo se cernían sobre aquel juguete que les había sido negado durante tanto tiempo por Erhido, el Dios de Dioses. Aquella visión preocupó tanto a Erhido que la decisión que tomo dejaría una huella terrible sobre la creación.

El regalo que había pensado era un sueño hermoso, una idea magnifica, tanto que el precio a pagar parecía mínimo. Sabía que perdería su cuerpo y su divinidad y que hasta se perdería de ver el momento en que sus hermanas, las Elementales, vieran el regalo que había preparado para ellas: Un mundo totalmente nuevo.

¿Que posible solución le permitiría alcanzar todas las metas de creación deseadas? Erhido rió, la solución era tan simple y tan extraña a la vez que se sorprendió de no haber dado con ella mucho antes. Crearía tres formas de vida semejantes a los dioses y el se uniría a ellos como una simple criatura. Una de las formas seria su compañera para procrear y que la sangre de dioses permaneciera entre las personas para que cuando lo merecieran pudieran reclamar su lugar entre sus antepasados divinos. La otra pareja viviría para servirlo a él y a su compañera.

Finalmente, tomó ese maravilloso elemento que había elegido para formar el mundo y unió su cuerpo y su divinidad a éste. El universo vibraba de emoción, como una quinceañera enamorada, los dioses sentían helada la piel, todo pareció dar vueltas por un momento mientras el nuevo mundo se hacia un lugar en el universo como un hijo predilecto. Cuando todo acabo el lugar que antes ocupaba Erhido estaba ahora ocupado por un bellísimo planeta rojo y marrón que comenzaba su vida con la fuerza del dios que lo había creado.

Las estrellas giraban alrededor de él, protectoras, las dos lunas: Sinen y Punen, que solían ser los ojos del dios, ahora recorrían expectantes el mundo con esperanza e ilusión de ver a las hermanas diosas admirar el regalo. Los murmullos y el aire de vida que recorrían el planeta le daban el aspecto impoluto que poseen aquellas cosas más valiosas.


Tres seres humanos recorrían ahora estas tierras, uno de ellos una mínima porción de lo que antes había sido un gran dios. Caminaron libres por las tierras que eran sólo para ellos hasta que un día eligieron un lugar para permanecer. Escondido en la tierra más ardiente, donde el agua se escondía y el sol se refrescaba, donde los animales necesitaban nacer con pieles tan duras que las piedras no les hacían daño, emergía un pequeño oasis que contenía toda la vida que el resto de esas tierras se negaban a conceder. Durante años se dijo que aquel oasis era la divinidad sobreviviente del dios, y por eso fue un lugar inmaculado y protegido por todos en donde se erigió el castillo de la familia De Vind.

Las Elementales: Kysten [Agua], Kÿlma [Aire] y Ekayla [Tierra]; recorrieron también las tierras y eligieron sus respectivos territorios. A su imagen y semejanza, emularon la creación de Erhido y llenaron sus zonas de criaturas humanas colmadas de sentimiento y curiosidad por el nuevo mundo.


Fuera del nuevo mundo, donde los dioses habitan y las leyendas son noticias diarias, un venenoso grupo de dioses se daba cuenta, tras haber elegido a su nuevo Rey, que sus vidas y sus destinos, habían sido ligados a un pequeño e irritante planeta.

Ese era el legado de Erhido para ellos.





La ira de los Perversos
CAPÍTULO III



Luego de la creación del nuevo mundo, algo extraño recorría los aires, una fuerza de envidia, odio, incluso de poder y fascinación. La ausencia de Erhido, guiando a los humanos, y de las Elementales, guardianas del trono del Rey de dioses, dejaba un hueco gigantesco en la jerarquía de estos.

El poco tiempo de ausencia que hubo fue suficiente para que un par de dioses unieran sus fuerzas para darle a Temios la libertad suficiente para que pudiera fertilizar a algunos de los cuerpos durmientes de los Colosos, engendrando así a los 12 Dioses Demonios, unos seres perversos y malditos que nacieron con sed de venganza y que se alimentaban de los pequeños y delicados humanos. Fueron bautizados como:

    Dok “El Limpio”
    Esaa “La Curiosa”
    Eme’he “La Bella”
    Asä “La Susurradora”
    Irisha “La Traicionera”
    Jok “El Guerrero”
    Or “El Fuerte”
    Meszra “La Enferma”
    Yro “El Vengativo”
    Palkateron “El Inteligente”
    Erena “La Caminante”
    Ontey “El Maldito”


Recibiendo la inmortalidad de su padre, no podían ser asesinados. Erhido observando la destrucción que los Perversos realizaban a su preciado planeta convocó a los dioses Guerra, Tiempo, Naturaleza, Muerte y Vida y los guió en una batalla, en la que se usaron armas nunca vistas, contra los doce perversos quienes perdieron la batalla y fueron encerrados en soles y atados al mundo de Erhido, donde pudiera mantenerlos vigilados. Esta fue la ultima vez que se vio a Muerte y Vida, quienes se refugiaron juntos en el nuevo mundo.

Erhido
, tras observar como sus descendientes humanos progresaban y se volvía mas fuerte y dignos, decidió que era tiempo de irse, pero una vez mas recibió de parte de la diosa Destino, una visión del futuro de los dioses, los humanos, los Perversos y los Colosos. Una guerra que iba mas allá de toda comprensión se alzaba sobre ellos, y sus engranajes eran imparables.

Cuenta la leyenda que Erhido, luego de entregar su conocimiento a su reino, su corona a su descendiente más cercano, y promesas a los más jóvenes, partió hacia el desierto del que nunca volvió. Se dice que ese mismo día, Erhido engañó a las Elementales diciéndoles que iba a destruir el nuevo mundo, esperando que estas se alzaran contra él. Y así lo hicieron, arrojándolo hacia el centro del mundo donde cubrieron su cuerpo esperando que jamás se alzara otra vez. Y allí, dormido, Erhido recupera su divinidad nutriéndose de la buena voluntad de los Erhidosianos, él espera el momento en el que la guerra de comienzo para alzarse de nuevo, y liderar a sus hermanos, para acabar con la reencarnación de Bor. Este fue el día del origen de la Montaña del Rey, una montaña ubicada en el medio del desierto, un lugar en el que no debería estar.


El descendiente de Erhido, Brannian, que ahora portaba la corona, manejo y reino con gloria entre los suyos y a todos aquellos que vivieran en Brann Vind {‘Aire de Fuego’ traducción literal, El aire que abrasa}. Antes de morir, Brannian, ubicó en la montaña un grupo de soldados puestos a protegerla hasta que encontrar la manera de rescatarlo. Después de todo, quien yacía allí, era el padre del reino, era el creador del mundo, era el primer Rey de Brann Vind.






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