Skye de Vind (Por terminar)

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Skye de Vind (Por terminar)

Mensaje por Skye de Vind el Mar Ene 17, 2012 3:30 pm




Skye de Vind
La extranjera ~ La mujer del desierto
35 años ~ Desconocida | Heterosexual | Doutzen Kross | Reina de Brann Vind


DESCRIPCIÓN FÍSICA


A leguas soy reconocida, lo sé. Hasta cierto punto me siento un animal de feria. Todos me miran con ojos curiosos pues soy la única de todo el territorio de Erhidosia que luce un cabello tan blanco como la nieve. Liso y natural...Sin magia, sin mentiras. Peliblanca desde que tengo uso de razón, o desde que recuerdo quién soy. Además, como para diferenciarme un poco más, mis ojos carecen del color gris de Rithiol Ddaer, donde me encontraron, o el ambar rojizo de Brann Vind, donde vivo. No, son violetas...Depende del día puede verse como un púrpura fuerte o un lila muy apagado. En general, se nota que soy una persona que no pertenece a ninguno de los cuatro reinos por eso muchos apartan su mirada de mi cuando mis ojos se posan en ellos. Esto lo hacen pese a que en mis labios casi siempre está colgando una sonrisa amable y en mis ojos siempre se observa el aura de tranquilidad e inocencia que tengo. Un alma pura.
Lo único que me hace parecer humana es un cuerpo normal con caderas anchas, cintura pequeña y busto voluptuoso. Una tez que en algún tiempo fue blanca ahora se ha teñido de moreno gracias a los años que he pasado bajo el sol y protección de Erhido en Brann Vind. Sin embargo, al parecer, los detalles que me hacen diferente también han sido marcados en mi cuerpo. Una pequeña cicatriz en forma de... ¿Saben? No sabría explicarlo.. Son como hilos que van entretejiéndose entre sí. No sé qué significa ni porqué la tengo. Pero aún así, Alakay siempre me dice que no es más que otra cicatriz que no tiene significado alguno.

DESCRIPCIÓN PSICOLÓGICA

Humilde | Filantrópica | Inocente

Puede que la gran necesidad que tiene para las personas se deba a su ansiedad de sentirse parte de algo. De no sentirse más una extraña dentro de las tierras que ahora le brindan refugio. Ama a la gente y es una de las reinas que más obras caritativas hace. Acude siempre al centro de Brann Vind, y el mercado, para regalar comida o dinero sea lo que sea necesario, lo que deja entrever un alma pura e inocente que no todos están dispuestos a recibir y abrazar. Es capaz de ver las buenas virtudes en la gente así como las malas. A estas últimas intenta brindarle guía, aún a sus 22 años sabe más cosas de las que debería, para que se encamine bien. De las cuatro reinas de Brann Vind es la más desinteresada por las políticas, economía y otros asuntos del reino. A ella le importa su gente, sin ellos, sin su pueblo...El desierto no sería nada.
Aunque siempre esté alegre y con una sonrisa en el rostro hay momentos de su vida en el que la nostalgia la invade de tal manera que la seduce para sumergirse en ella y no salir. Skye, podría decirse, que es la mujer de Brann Vind que más adora el desierto. Estuvo acompañando a Alakay cuando tenía que cuidar la Montaña del Rey aunque sus ocupaciones los mantenían ciertamente alejados y eso permitió que su amor por la nueva tierra se volviera tan fuerte como el que le tenía a Alakay. Estando ahora en la fortaleza del Rey en Brann Vind extraña cada minuto del día la arena, los vientos, los oasis y todos los secretos que la brisa le contaba. Durante estos momentos de su vida suele sentarse en su habitación sola. El único que podría interrumpirla o sacarla de tal estado es Alakay, nadie más tiene la confianza para hacerlo.
En cuanto a las demás esposas de Alakay, suele diferir de muchos de sus puntos de vistas, no obstante, no pelea por ello y respeta sus decisiones. Sabe que son personas diferentes a ellas y que, prácticamente, en lo único que coinciden es el respeto y amor por Alakay y sus hijos. Pues sí, pese a que otras esposas le dieron sus primeros descendientes a Alakay, todas se han acostumbrado a criarlos como si fueran suyos. Al final del día, la semilla es del Rey, su esposo.
De vez en cuando se siente insegura pues a veces puede pasar días inconsciente. El Consejero de Magia de Brann Vind intenta averiguar qué enfermedad tiene, sin embargo, durante todos estos años no ha podido dar un atisbo de qué le pasa...Según lo que sabe ella.
Según lo que sabe Alakay y el Mago, Skye es la vacante de Aectha, la diosa del Destino, que en otrora fue esposa de Erhido.


G ustos

~ El desierto... Justo en el amanecer cuando todo está en silencio
~ La música y el baile.
~ Adorar a los dioses, en especial, a Erhido

D isgustos

~ Las injusticias
~ Los señores aprovechadores de su cargo para obtener dinero.
~ La altanería contra la familia Real.

F obias

~ Que sus constantes perdidas de memoria le induzcan la muerte
~ Perder a cualquiera de sus hijos
~ A que alguien le enfrente gritándole y señalándola como extranjera y bicho raro.

HISTORIA PERSONAL

No me preguntes de dónde vengo ni a donde voy. No me preguntes de mi pasado porque no lo conozco. De mi presente no te hablaré, todo es notable. Del futuro...Del futuro te puedo hablar pero no cuando soy yo misma.
Fui encontrada desnuda, delgada y pálida sobre la nieve de Rithiol Ddaer. Estaba al borde de la muerte cuando el sonido de millones de pisadas, del roce de armas y el griterio de miles de soldados pudieron despertarme de un sueño sin sueños. Mis ojos púrpuras y apagados se habían fijado en un hombre fornido que tan pronto como me vió acomodó sus brazos alrededor, cubriéndome, protegiéndome.

-Ak enyate, Asesino de Reyes-

Caí profundamente dormida y él retiró sus tropas hacia lo que, días después, me enteré de que era Brann Vind.

Aunque mi edad era desconocida, el consejo de Magos de Brann Vind había dicho, que tenía quince años. Dos años menor que Alakay, quien se convirtió en mi protector y mejor amigo. Sobretodo, en el defensor de mis derechos pues para nadie era un secreto que no pertenecía a esta tierra digna de dioses. Era todo lo que una representación de otra tierra sería. Y tuve muchísimos problemas por ello, aunque mi sonrisa amable y palabras dulces intentaran apaciguar el temor u odio que tenían hacía mi, pocas veces tenía éxito.
Lidiando con esos pequeños encontronazos y bajo el manto protector de Alakay, quien se desvivía haciéndolo, viví cual miembro de la realeza. Cumpliendo ciertas funciones... Incluso, acompañé a Alakay cuando las responsabilidades del cuidado de la Montaña del Rey, donde Erhido descansaba, recayeron sobre él. Aunque nos mantenían distanciados nuestras ocupaciones siempre encontrábamos un momento para compartir lo que habíamos hecho en el día, lo que habíamos planeado para mañana y las distintas situaciones pasadas en el día. Casi siempre lo hacíamos en la cena.
La costumbre de pasar tiempo juntos poco a poco se fue convirtiendo en placer. En necesidad de estar al lado del otro cada momento del día... De mi parte, de siempre querer solucionar cualquier problema que tuviera, preocuparme por saber si comía o si no, por si había ganado una nueva cicatriz, por si había podido bañarse con agua caliente o no...De a poco, el amor por el otro fue creciendo hasta que finalmente, en un amanecer de los que compartíamos en silencio, me pidió que fuese su esposa. La boda se llevó a cabo en el claro donde, e otrora su amigo Yeseo había perecido. La boda resultó pomposa como la de la Realeza y las personas no paraban de criticar que el heredero al trono tomara como primera esposa a la "mujer extranjera". Pero Alakay supo hacer que conservaran su respeto hacia mi.

Volvimos a nuestras tareas en la Montaña del Rey después de disfrutar de banquetes y de la consumación del matrimonio. Compartíamos menos tiempo pero de alguna manera siempre encontrábamos un lugar en nuestra agenda para encontrarnos. Un día nuestros deberes se vieron interrumpidos por un llamado del Rey. Alakay tuvo que partir hacia la fortaleza de Brann Vind sin mi. Yo tendría que quedarme con Eynara y cumplir mis deberes de adoración a Erhido. Sin embargo, más rápido que inmediatamente fui solicitada por Alakay. Por el Rey Alakay a la fortaleza. El nombre me sabía a gloria en la lengua aunque algo en mi interior me decía que no era del todo bueno lo que había sucedido.

***

Efectivamente, Alakay fue el primero en recibir mi caravana. En sus labios no bailaba la sonrisa que debería tener un Rey recién coronado, incluso su recepción fue fría. De inmediato fui llevada a la cámara del Rey donde nos dejaron a ambos solos. Con un tono de voz brusco relató lo sucedido. Mi cuerpo recibió la noticia con un temblor. Sabía que él era un guerrero y que defendería los derechos de su pueblo hasta la muerte. ¿Pero matar a su padre?. Apreté mis manos con suavidad y nerviosismo antes de que mis ojos, cual rayos, se tiñeran de blanco. Una voz impropia de mi salió de mis labios.

-Selate, Alakay, Asesino de Reyes-
-Selate sont ince. ¿Quién eres?-

El porte de Skye se hizo más elegante, más femenino de lo que alguien había visto nunca jamás. Sus pálidos ojos se clavaron en el hijo de Erhido con una sonrisa amable. La sonrisa que siempre portaba Skye

-Ustedes me conocen como Aectha, soy el destino-
-Selate Aectha, Ak anak Brann Alakay-
-Conozco tu nombre, Asesino de Reyes. Conozco el nombre de quienes te rodean y de todo humano que alguna vez haya puesto su pie en esta tierra. Pero no estoy aquí para decirte eso, vengo con un asunto más importante. Los sucesos que han agitado tu vida en los últimos días han enmarañado tu destino y el de tus acompañantes. Una advertencia te tengo, la hija de los Tres Reinos no puede cruzarse con Skye de Vind. No querrás despertar el Caos en Erhidosia. No lo permitas.-

***

Tres días después desperté en lo que ahora era nuestra cama. No sabía qué había sucedido sólo que el tiempo había pasado desde que la noticia de la muerte del padre de Alakay había resonado en mis oídos. Las doncellas me ayudaron a alistarme y salí tan rápido como pude al encuentro de Alakay, quien aún se veía meditabundo. Acaricié con suavidad la parte posterior de su brazo y en silencio vimos el amanecer de la ciudad. Ahora éramos el Rey y la Reina de Brann Vind.

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